Las peintures de León

Una pintura de vibración que en vertical o al horizonte nos cambia las preguntas y nos permite visitar el mundo donde gravita el pintor. Un pintor atípico con un visual técnico propio, unidimensional porque no nos complementa pero tampoco nos anula conciencia ni trascendencia alguna. Del abstracto al figurativo, pasando por aquel cubismo, que Picabia sugería pero no concluyó, León vuelve a pasar revista las transiciones que vivió la pintura francesa entre 1912 y 1925. Podemos encontrar réplicas de ciclos del tiempo además de otras destacadas sorpresas, y su conciencia original dominicana.

A nivel de contenidos o de envolturas León nos propone frenéticamente a definir nuestras fundaciones en términos de luz y de luminosidad, como no queriendo que permanezcamos en la neutralidad, debemos de elegir nuestro campo antes de iniciar cualquier lectura pictórica.

Imposible solamente a imaginar, tras elegir una opción de lectura, como un proceso ritual mágico puedes entrar en las ecuaciones de la poesía, del universo, o de la creación sin ninguna restricción.

Entre un lienzo y otro, rápidamente puede apreciar una ida y vuelta, la justa mitad de dos caminos, podría ser también una conexión de vida que entrecruza otras vibraciones energéticas. Una de sus pinturas, transfiere los estados emocionales y las vibraciones grises y blancas de un equilibrista a ritmos de geometría cósmica, astral y telúrica.

El rojo vibrante o el sombrío oscuro asocian un alma colmada que se deja fluir. Niveles y dimensiones de una emoción que ha llegado al final de un camino y que vuelve a nosotros para compartir sus regalos. Como Ulises que nos trae de vuelta la energía necesaria para entender la vida como un viaje que al final nos premia.

 

Jorge Tafur Garcia.

Artista, pensador y literato / Paris. Francia 2020

 

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